“A los paraguayos hay que matarlos desde el vientre de su madre”

Hacer este artículo y desentrañarlo es, como se diría popularmente, “medio herejía”, porque seré aquí como abogado del diablo, pero procuraré desarraigar la creencia.
Empezamos por liberar de la culpa a Sarmiento, porque Pomer toma como fuente un folleto de 13 páginas conservado en la Biblioteca del Museo Mitre de Buenos Aires, titulado “Despacho privado del Marqués de Caxias, Mariscal de ejército en la guerra contra el Gobierno del Paraguay, a Su Majestad el Emperador del Brasil, don Pedro II”.
El documento está fechado en Tuiucué, 18 de noviembre de 1867, y dentro está casi igual al texto del título, pero sacado totalmente de contexto:

Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888).
Foto: Archivo
…¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra, es decir, para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la mujer…? (…).
El contexto cambia considerablemente el sentido. No estamos ante una orden directa acorde a la afirmación arraigada, que tenía más bien un propósito exterminador/genocida, sino ante una pregunta retórica inserta en una reflexión sobre el enorme costo que estaba teniendo la guerra para el Brasil.
El texto es mucho más largo, y se puede leer completo en el libro de Julio José Chiavenato, “Genocidio Americano”, de 1979.
En el despacho encontramos también otros párrafos con frases extrañas para un comandante enemigo, que si bien —me gustaría creer— son algo exageradas:
“que los soldados paraguayos son caracterizados de una bravura, de un arrojo, de una intrepidez y una valentía que raya en ferocidad sin ejemplo en la historia del mundo”.

Gran Hotel del Paraguay, Asunción, la habitación de Sarmiento en 1932.
Foto: Imagoteca.com
Y otro como:
“Vuestra Majestad tuvo por bien encargarme muy especialmente el empleo del oro, para que, acompañado del sitio, allanara la campaña del Paraguay, que venía haciéndose demasiado larga y plagada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los paraguayos, desde que están bajo la mirada fascinadora y el espíritu magnetizador de López”.
Chiavenato reconoce que el documento original del despacho, el manuscrito, no estaba disponible. Dice que cientos o miles de documentos de la guerra fueron quemados, robados, destruidos o perdidos, y plantea que el despacho pudo ser uno de esos documentos desaparecidos. Además, Pomer agrega que se trataba de un folleto sin pie de imprenta ni fecha de impresión. Otros decían que la supuesta carta de Caxias estaba guardada en el Museo Imperial de Petrópolis.
Con estas dudas, desentrañando más sobre el despacho, encontramos en la Revista Militar Brasileira, mayo de 1980, vol. 116, pág. 125, que, tras una solicitud de la Diretoria de Assuntos Culturais do Exército Brasileiro, la directora del Museo Imperial respondió que la carta no existía.

Luís Alves de Lima e Silva, duque de Caxias (1803-1880).
Foto: Archivo
Al ser consultado por los brasileños sobre el despacho, el director del Museo Mitre de Buenos Aires respondió, mediante un oficio fechado el 6 de noviembre de 1979, que aquello no era una carta manuscrita de Caxias, sino un panfleto político de la época contra Bartolomé Mitre, producido por opositores a su gobierno y presentado falsamente como si Caxias fuera su autor. El director concluyó que debía considerarse “apócrifo”.
Lo del panfleto político contra Mitre cobra todo el sentido al leer esta otra frase del mismo despacho:
“El General Mitre está resignado plenamente y sin reservas a mis órdenes; él hace todo cuanto le indico, como ha estado muy de acuerdo conmigo en todo, hasta en que los cadáveres coléricos sean lanzados desde la escuadra, como de Itapirú, a las aguas del Paraná, para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente las de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe, que le son opuestas”…
En ella se da a entender que Mitre no es quien comanda a las fuerzas aliadas, y que se buscaba contaminar de cólera a las provincias argentinas de la anterior confederación



