Estado calamitoso de comisarías revela total abandono del Estado

El Departamento de Canindeyú ha sido una región olvidada por el Estado, lo que permitió que a lo largo de este tiempo hayan crecido sustancialmente las actividades ilícitas en la zona como la producción y el tráfico de marihuana, el tráfico de cocaína y de armas, abriéndose en ese contexto una ruta segura para los contrabandistas que pretenden alcanzar la frontera con el Brasil.
Este copamiento por organizaciones criminales como el atribuido a Felipe Santiago Acosta, alias Macho, el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), es el resultado de años de abandono por parte de las autoridades, ausencia que se dibuja como un borroso y mudo reclamo en las fachadas de los destartalados puestos policiales, erigidos como fantasmas de una seguridad que nunca fue garantizada por el Estado.
La Subcomisaría 27ª de la colonia Acepar, en el distrito de Yasy Cañy, funciona en una casa de madera visiblemente deteriorada, con escaso personal y una patrullera que, de acuerdo con los propios agentes, no cuenta con documentación propia. Vecinos reclaman una intervención urgente de las autoridades. Esta situación crítica que atraviesa la Subcomisaría refleja el profundo abandono en las comunidades rurales de la zona. El local con infraestructura de madera, construido hace aproximadamente treinta años y fabricado casi en su totalidad de madera, presenta un avanzado estado de deterioro y amenaza con derrumbarse.
De madera. El puesto policial de la colonia Acepar tiene las mismas características.
Gentileza.
✓Paredes vencidas, techos deteriorados y estructuras debilitadas forman parte del panorama cotidiano de la sede policial.
Pobladores de Acepar aseguran que el local ya no reúne condiciones mínimas de seguridad ni para los agentes policiales ni para las personas que acuden a realizar denuncias o trámites.
A la precariedad edilicia se suma la falta de recursos humanos. Actualmente, la dependencia contaría con apenas cuatro efectivos policiales, distribuidos en dos agentes por turno, quienes cumplen jornadas rotativas de ocho horas para cubrir toda el área de influencia de la Subcomisaría. Misma situación atraviesa la sede policial de Yby Pytã, que fue construida hace 25 años por iniciativa de los propios pobladores, como ya lo habíamos publicado días pasados. El deterioro de la madera es alarmante, parte de la techumbre posterior ya colapsó y efectivos policiales cumplen sus funciones en condiciones que ponen en riesgo su integridad y la de los ciudadanos.
Colapso. La parte trasera de la Subcomisaría de Yby Pytã perdió su vida útil y se derrumbó.
Yby Pytã forma parte de una zona de alta complejidad para la seguridad pública, donde las fuerzas del orden enfrentan con frecuencia hechos vinculados al narcotráfico y otros delitos. En ese contexto, vecinos consideran contradictorio que quienes deben proteger a la ciudadanía deban trabajar en un edificio deteriorado y bajo constantes riesgos.
La base policial de Naranjito, que fue incendiada por una banda de hombres armados, donde fueron ejecutados dos uniformados y asesinado un civil, también presentaba la misma infraestructura de madera deteriorada.
Todas estas subcomisarías fueron gestionadas por los propios pobladores hace entre veinticinco y treinta años y ya perdieron sus condiciones para hacer frente a las actividades criminales de la zona



