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Alumnos construyen un tatakua para el chipa apo como proyecto escolar

Transformando ladrillos y barro en una pieza de ingeniería artesanal, un grupo de jóvenes trabaja con entusiasmo en la construcción de un tatakua (horno tradicional). Bajo el sol, mientras unos asientan con cuidado las hileras circulares de ladrillos, otros preparan la mezcla de tierra colorada en baldes, con las manos marcadas por el rastro del trabajo manual.

En el centro de la estructura, una de las estudiantes utiliza un cordel como guía para asegurar la simetría de la base, marcando el punto donde la pared comenzará a cerrarse en la icónica cúpula de barro.

Son alumnos y alumnas del tercer curso del Colegio Santa Clara, de Ciudad del Este, quienes pusieron manos a la obra en este proyecto educativo que busca acercar a los estudiantes a las tradiciones, en especial en esta Semana Santa que tiene como protagonistas el tatakua y el chipa apo.

El director de la institución, Wilfrido Insfrán, explicó el enfoque de la actividad, que no solo se trata de construir un horno a leña, ‘‘sino de aprender haciendo, valorando nuestra cultura y compartiendo como grupo”.

El proyecto apunta al desarrollo de habilidades clave, como el trabajo en equipo, la responsabilidad y la creatividad, permitiendo a los estudiantes aplicar conocimientos en un contexto real.

Durante el proceso, los jóvenes se organizaron, colaboraron entre sí y asumieron roles para avanzar en cada etapa de la construcción.

Desde la comunidad educativa destacaron que la elaboración del tatakua fortalece la identidad cultural y promueve un aprendizaje significativo, en el que los alumnos no solo adquieren contenidos, sino que los experimentan directamente.

‘‘Además, como cada año se realiza el proyecto de chipa apo desde el nivel inicial hasta el nivel medio; esta experiencia resulta muy útil, ya que permite dar continuidad a nuestras tradiciones y unir a toda la comunidad educativa en una actividad que enseña y a la vez se disfruta’’.

Siguiente paso
Uno de los momentos más destacados fue la culminación del trabajo, cuando los estudiantes celebraron el resultado del trabajo en equipo. Con los calzados, buzos y remeras marcados por la tierra colorada pudieron contemplar el horno que un tiempo después se llenó de leña para empezar a calentarse y estar listo para cocinar las chipas que los propios alumnos amasarán, como ya es tradición.

“Nunca pensé que podíamos hacer algo así en la escuela, fue muy divertido y aprendimos mucho”, expresó uno de los alumnos.

El director Insfrán recomendó a los docentes que se animen a realizar este tipo de experiencias, ‘‘porque dejan huellas en los estudiantes, al tratarse de actividades que motivan, enseñan valores y hacen que el aprendizaje sea más significativo y duradero’’, resaltó

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