Politica

Marcelo vs. Beto: la disputa por el poder colorado entra en una nueva fase

Con la incorporación de Fabio Morales a su equipo, Marcelo Soto marca distancia del betismo y acelera su construcción de liderazgo en el Caaguazú.

Cuando Marcelo Soto oficializó la designación de Fabio Morales como nuevo secretario general de la Gobernación, estaba haciendo mucho más que cubrir una vacancia. Estaba trazando una línea divisoria dentro del coloradismo caaguaceño, y el mensaje era claro: ya no hay lugar para tutelas.

Fabio Morales no solo fue hasta hace poco un cuadro operativo del entorno de Beto Ovelar y Marcos Benítez. Presidía la Seccional 2, tenía ascendencia territorial y ejercía influencia sobre estructuras claves del oviedismo colorado. Su pase al equipo de Soto no se explica solo como un movimiento funcional: es una fractura política de alto impacto.

Con esa jugada, Marcelo libera a Elvio Castro para concentrarse en la campaña por la intendencia de Coronel Oviedo, pero al mismo tiempo golpea el centro de gravedad del betismo. Un gesto que redefine lealtades y vuelve a poner en jaque el relato de supremacía de Beto Ovelar en el departamento.

Cuando Morales dijo que “no asume un cargo, sino una misión”, habló en código. Lo que se mueve no es una interna más: es un proceso de reconfiguración. Uno que piensa en 2026, pero que se proyecta hacia 2028.

El silencio reciente de Pedro Alliana, quien evitó mencionar a Beto cuando fue consultado sobre su futuro político, es otra pieza que se suma al rompecabezas. En política, lo que no se dice también comunica. Y en este caso, retumba.

Marcelo Soto no está improvisando. Está marcando territorio, ocupando espacios y forjando un liderazgo propio. En un escenario donde el poder ya no se hereda, se conquista.

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