Entre dolor, lágrimas e impotencia dan el último adiós a Tobías, el niño arrastrado por un raudal

A las 10:00 de este jueves, el cuerpo de Tobías Suárez, el niño de 12 años que murió tras ser arrastrado por el raudal, fue llevado hasta su última morada.
Los restos del pequeño fueron velados en la casa de su abuela materna, en la ciudad de Capiatá, donde vecinos y personas provenientes de distintos puntos del país acudieron para expresar su solidaridad a los padres y demás seres queridos del niño.
El cortejo fúnebre salió de la vivienda y se dirigió hasta el templo de la parroquia Santísima Cruz para una misa de cuerpo presente, y luego a una funeraria donde se realizó la cremación del cuerpo, por decisión de la familia.
Una gran cantidad de personas, vestidas con remeras blancas y portando globos del mismo color, salieron de la vivienda rumbo al cementerio en medio de llantos, signos de impotencia y pidiendo que se haga justicia tras la muerte del niño que fue arrastrado en una zona de obras, en San Lorenzo.

Alumnos y docentes de instituciones educativas también acudieron al lugar para expresar su dolor por lo ocurrido.
Tobías se ganó el cariño de sus vecinos que se acostumbraron a verlo por las tardes vendiendo empanadas en una canasta en su afán de ayudar a sus padres y aportar a la economía del hogar a pesar de su corta edad.
“Te pido perdón en nombre de todos. No merecías cargar con tanto en la espalda; debimos haberte cuidado y valorado más”, expresó Manuel Collante, quien atiende un puesto de tatuajes al que Tobías llegaba para vender sus empanadas.
El niño confesó al tatuador que debía caminar todos los días varios kilómetros bajo el sol para lograr una buena venta y, a pesar del cansancio, no se quejaba porque quería llevar el dinero a la casa



