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Historia de una desaparición forzada en la dictadura stronista y de la esperanza que no muere

Celsa Ramírez vivió en la época donde pensar distinto, tener otros ideales políticos y defender los derechos de todos —como la libertad—, eran considerados una traición a ladictadura de Alfredo Stroessner, un precio que se pagaba con la represión o la desaparición.
Ella pasó así 35 años, tiempos que fueron de terror y autoritarismo, lo cuales siguen amenazando a la democracia en nuestros tiempos, tanto acá como en el mundo.

Muchas voces de paraguayas y paraguayos fueron silenciadas en ese entonces para que no quedaran ningún registro de las atrocidades. Pero también hay sobrevivientes —quizás por una fuerza sobrenatural o el propio destino— que pese a la crueldad humana vivieron para contar la historia.

Celsa Ramírez fue una víctima del stronismo siendo arpista. Sufrió torturas y detenciones forzosas. Su marido, Derlis Villagra, no corrió con la misma suerte y sus restos aún están desaparecidos. Fue un preso político.

Ella estaba embarazada de cuatro meses al momento de ser capturada, golpeada y ahogada por las fuerzas policiales. En carne propia sintió la brutalidad y desconsideración total. La dictadura stronista terminó hace 37 años.
Celsa Ramírez resistió aquella vez y lo sigue haciendo, pues su lucha y la búsqueda de su esposo continúan. Fue lo que aseguró a Última Hora, cuando recibió a nuestro equipo en la Plaza de los Desaparecidos, bajo un árbol, detrás de la bahía de Asunción.

Aunque sus lentes la protegían de la claridad, en una conversación íntima con el medio se pudo notar su mirada de cristal —una que toca el alma y revela las lágrimas en sus ojos— para luego contar cómo logró convertirse en una sobreviviente.

“Se dan muchas situaciones, muchas, muchas… ¿Cómo te voy a decir? (Es) Mucho compromiso personal y, sobre todo, cuando uno defiende una causa noble, que nosotros considerábamos que era noble. Porque nosotros, lo que queríamos era el bienestar de todos los paraguayos y paraguayas”, recuerda.

“Ahí yo no tenía mucha certeza de que él estaba desaparecido. Pensé que estaría recluido en algún otro lugar”.

Celsa Ramírez, víctima del stronismo y cuyo esposo desapareció en la dictadura.
Ella era consciente del precio que pagaba por oponerse a la arbitrariedad y desapariciones forzadas de larga data. Su pareja y ella militaban en el Partido Comunista, motivo por el cual también eran perseguidos.

“Y cuando me ocurrió eso, yo, bueno, asumí”, relató, diciéndose en ese entonces: “Esta vez me toca a mí enfrentar”. “Y esa convicción también me dio una fuerza”, asegura.

Como una paradoja, la guarania resonaba en esos lugares de detención arbitraria y sirvió como un recordatorio de la lucha que llevaban adelante. Celsa Ramírez lo describe como “un hecho notable” y “una experiencia muy linda” en medio de los ahogamientos para fragmentar su alma.

Ponerla a un volumen muy elevado fue una técnica de los torturadores en los centros de detenciones clandestinos. 1928 guarania José Asunción Flores

“Yo sentíIndia. Y yo, conIndia, tuve una experiencia muy linda, porque toquéIndiay el maestro Flores incluso estuvo orientándome algunas cosas en música. Se dio una situación tan única, digo yo, que ahí yo afiancé mi convicción”, rememora.

Se refiere a una guarania de 1928 creada por el propio artífice de dicho género musical, José Asunción Flores.

Ese momento de conexión con aquella y esa música fue el aliento para mantener sus ideales, porque ahí se dijo a sí misma: “Acá no digo nada”. “Y me mantuve en eso”, resalta en otro momento. Creyó que su bebé no nacería en esa época.

“Pero, bueno, Dios quiso que sí —en este caso— y nació mi hijo”, manifestó con una sonrisa resignada. Fue así que el 21 de abril de 1976, Derlis Miguel llegó al mundo y se convirtió en el preso político más joven de Paraguay, siendo apenas un recién nacido.

“El embajador venezolano sí me cuenta. Me dice: ‘Señora, sea fuerte’ —con casi las mismas palabras de mi compañero—».
Celsa Ramírez, víctima del stronismo y cuyo esposo desapareció en la dictadura.
El inicio de una búsqueda que continúa
Celsa Ramírez estaba recluida en Emboscada junto con otros compañeros y compañeras cuando le comunican que “tiene que ser fuerte”. Su esposo, Derlis Villagra, había sido asesinado y nunca pudo ver ni sus restos.

“Ahí yo no tenía mucha certeza de que él estaba desaparecido. Pensé que estaría recluido en algún otro lugar. Pero ahí un compañero me dijo: ‘Te digo la verdad. Esta es. Y tenés que ser fuerte porque tenés un hijo para criar también’”, relató.

Durante su detención arbitraria realizaron una huelga de hambre por 13 días para que ancianos y niños fueran liberados y obtener informaciones sobre los desaparecidos.

Se dieron algunas liberaciones; la protagonista de esta historia y sus compañeros fueron separados y llevados a otras comisarías, y desde entonces no obtuvieron respuestas.
Cuando la liberaron, comenzó a recorrer todos los lugares que le fueron posible. En la Embajada de Estados Unidos, un secretario la recibió y le comunicó que “no saben absolutamente nada”.

La mujer no se rendía y fue hasta el despacho del ex ministro del Interior de la dictadura, Sabino Augusto Montanaro. Allí le reciben su cédula de extranjera, porque en ese momento no portaba su documento paraguayo. Tiene además la nacionalidad argentina.

“Me atiende y me dice: ‘No, nosotros no sabemos nada de él, absolutamente nada. Y si está preso, tenés que ir a averiguar. Andá a la guardia de seguridad’, me dice”, relata.
Con cierta esperanza, Celsa Ramírez se dirige a la guardia de seguridad y pregunta por su marido. Una vez más, los uniformados le informan que no hay ningún preso con el nombre que ella lo estaba buscando.

“Después me voy a la embajada venezolana y el embajador venezolano sí me cuenta. Me dice: ‘Señora, sea fuerte’ —con casi las mismas palabras de mi compañero—. ‘Tenés un hijo, y sí, tu marido fue asesinado’. A mí ya me dijeron eso, pero siempre vos tenés esa esperanza de que pudo haber un error. De repente creyeron que murió, pero no, no murió”, expresa.
Han pasado 47 años desde que Celsa no sabe nada de su marido, pero aun así mantiene la esperanza de encontrar sus restos. Sigue resistiendo gracias al contacto con la gente que activa y defiende los derechos humanos.
“Si nosotros no conocemos, pueden volver a repetir la misma historia”.
Celsa Ramírez, víctima del stronismo y cuyo marido desapareció en la dictadura.
Memoria: “No es casualidad, buscan borrar la historia”
En plena democracia persisten los nostálgicos de la época de terror, quienes de tanto en tanto aparecen para reivindicar la gestión de Stroessner o la supuesta tranquilidad de “dormir con las ventanas abiertas”.

Incluso, afirman que eldictador “mató menos que los gobiernos liberales”, como había dicho el titular de la Aneaes, José Penayo Duarte. Mientras que en el 2024,la oficina de la Primera Dama intentó omitir el nombre de la Plaza de los Desaparecidosdurante un evento navideño.
Para Celsa Ramírez, estas actuaciones no son una casualidad; sino que un guión para intentar reeditar la historia.

“Ellos tienen un libreto de cómo dispersar la memoria, o sea, no es una cuestión casual. Ellos lanzan, y si no hay gente que se organiza y defiende eso. Por eso que la memoria es importante”, remarca.

Ramírez rechazó las comparaciones de los crímenes de lesa humanidad y el descaro para determinar el valor de la vida.

“Cada persona es única, no se puede entrar en comparaciones, quién más, quién menos. El hecho es que mató a muchísima gente. Asesinó y no dejó vivir en su país a muchísima gente. Muchos niños paraguayos que deberían nacer (acá), nacieron en otros países, porque no tuvieron esa oportunidad de vivir en su país”, enfatizó.

Por eso, Celsa reflexiona sobre la importancia de cuidar siempre la memoria como defensa de nuestra historia.

“Si nosotros no conocemos, pueden volver a repetir la misma historia de tristeza, de atropello, y nosotros creemos que no va a ocurrir. No, puede ocurrir, tenemos que estar preparados para defender, ¿y cómo defendemos? Con ideas y propuestas”, resaltó.

“Entonces, la memoria es fundamental como nación, como ser humano, es muy, muy importante”, concluyó

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