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Tres años de Gobierno: Con buenos números, pero que no llegan a todos

A tres años del inicio del Gobierno de Santiago Peña, Paraguay llega con una economía que muestra resultados favorables en varios de sus principales indicadores. La actividad económica mantuvo un ritmo de expansión elevado, la inflación permaneció controlada, el mercado laboral incorporó nuevos trabajadores y la pobreza registró una reducción significativa.

El desempeño económico se ubica entre los principales activos de la administración. El producto interno bruto (PIB) creció 4,7% en 2023 y volvió a expandirse 4,7% en 2024, mientras que en 2025 aceleró su ritmo hasta el 6,6%. Para 2026, el Banco Central mantiene una perspectiva de crecimiento superior al 4,5%.

Es importante señalar que el crecimiento no quedó concentrado en un solo año ni respondió exclusivamente a un repunte puntual de la producción agrícola. En los últimos años también se observó un mayor dinamismo de sectores como la manufactura, el comercio y los servicios, ampliando la base de la actividad económica.

Otro de los resultados más visibles de este periodo es el comportamiento de los precios. Luego del impacto de la inflación internacional y de los shocks de años anteriores, Paraguay logró mantener la inflación dentro del esquema de metas del Banco Central.

La inflación cerró el 2023 3,7%, en el 2024 alcanzó el 3,8% y 2025 en 3,1%, por debajo del resultado del año anterior. El desempeño permitió consolidar uno de los principales atributos de la economía paraguaya: la estabilidad de precios.

Para los hogares, sin embargo, inflación baja no significa necesariamente que los precios hayan vuelto a los niveles anteriores. Una menor tasa de inflación implica que los precios aumentan más lentamente, pero no revierte los incrementos acumulados de años anteriores. De hecho, el BCP informó que al 2025, en los últimos 10 años, la inflación en alimentos subió 87,3%. Esta diferencia ayuda a explicar parte de la distancia entre los buenos datos macroeconómicos y la percepción cotidiana de las familias.

Más empleo, aunque persisten desafíos de calidad. El mercado laboral también exhibe una evolución favorable. En el 2024 tenía 3.326.678 ocupados, mientras que al cierre del 2025 Paraguay registró alrededor de 3.419.032 de personas ocupadas. La tasa de ocupación aumentó 1,7 puntos porcentuales, mientras que la desocupación se redujo de 4,5% a 3,6%.
Además, el incremento del empleo no se limitó al trabajo independiente. Los asalariados aumentaron en 92.794 personas, impulsados principalmente por el sector privado, mientras que los ocupados formales no agropecuarios crecieron en aproximadamente 79.109 personas.

Estos números muestran una mejora en la capacidad de la economía para generar puestos de trabajo. Pero el desafío para los próximos años será que esa mayor ocupación se traduzca en empleos con mejores ingresos, mayor productividad y mayor cobertura de la seguridad social.

La pobreza cae, pero todavía hay casi un millón de personas. Uno de los resultados sociales más importantes es la reducción de la pobreza monetaria. Con la nueva serie estadística del INE, la incidencia pasó de 21,6% en 2023 a 19,6% en 2024 y 16% en 2025.

En términos absolutos, todavía unas 985.000 personas se encontraban en situación de pobreza en 2025. La incidencia es considerablemente mayor en las zonas rurales, donde alcanzó 22,1%, frente al 13,6% registrado en el área urbana.

Esta reducción de la pobreza es resultado de varios factores: el crecimiento económico, la mejora del mercado laboral y la expansión de políticas de protección social. Programas como Tekoporã, la pensión para adultos mayores y Hambre Cero forman parte de esa red de protección que busca amortiguar las carencias de los hogares más vulnerables.

El salto histórico del grado de inversión.
En el frente financiero internacional, el Gobierno consiguió uno de los principales hitos de su gestión: Paraguay ingresó al grupo de países selectos con grado de inversión.

Moody’s elevó la calificación soberana a Baa3 en julio de 2024, otorgando por primera vez este reconocimiento al país. En diciembre de 2025, Standard & Poor’s también elevó la calificación a BBB-, con perspectiva estable. Paraguay pasó así a contar con grado de inversión de dos de las principales calificadoras internacionales.
El reconocimiento no es solamente simbólico.
Una mejor calificación soberana puede contribuir a reducir el costo de financiamiento, ampliar el universo de inversores interesados en activos paraguayos y mejorar las condiciones para que empresas locales accedan a capital.
La prestigiosa distinción puede generar beneficios sobre la economía a través del tiempo, pero no se traduce automáticamente en mayores ingresos para las familias.

Más inversión extranjera. La inversión directa también muestra una señal favorable. El flujo neto de inversión directa pasó de USD 324 millones en 2023 a USD 931 millones en 2024, un aumento de 15% según la comparación presentada por el Banco Central, mientras que el stock acumulado alcanzó USD 10.395 millones al cierre de 2024.

Los capitales extranjeros se distribuyen en actividades como comercio, intermediación financiera, comunicaciones, producción de carne y servicios empresariales, entre otros sectores. El número de países con inversiones directas en Paraguay llegó a 68 en 2024.

El balance de los primeros tres años muestra que Paraguay tiene hoy mejores indicadores que hace 3 años. Sin embargo, gran parte de la población todavía no los siente. Esa desconexión seguirá siendo el gran desafío de los dos últimos años del gobierno

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