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Dos diputados oficialistas lideran sistemático ataque a la prensa

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que se celebró ayer, el propio papa León XIV denunció la frecuente violación de este derecho en todo el mundo e incluso recordó a los numerosos periodistas que han sido víctimas de los conflictos y la violencia.

Mientras tanto en Paraguay, la arremetida contra medios críticos y la labor de la prensa está impregnada en el discurso de referentes del oficialismo.

El 26 de abril pasado se conmemoró el Día del Periodista y en el seno de una de las Cámaras está en pleno debate la ley de protección ante la ola de violencia que persiste.

Dentro de ese contexto, ciertos integrantes del Congreso, con sus mensajes públicos en intervenciones desde sus bancas o por redes sociales o apariciones mediáticas dan cuenta de su reticencia hacia el libre ejercicio periodístico.

Son dos los integrantes del cartismo, en este caso de la Cámara Baja, que se rehúsan a reconocer la libertad de prensa como un derecho.

El primero es el diputado Yamil Esgaib, quien protagonizó un acto de violencia, el 23 de abril de 2024, cuando en plena labor, la periodista de Telefuturo, Rocío Pereira sufrió un golpe a raíz de que el citado cerrara en la cara la puerta de su despacho en un arrebato furioso ante consultas sobre la denuncia del privilegio que tiene una de sus hijas como funcionaria de la Cancillería en el Reino Unido, sin siquiera tener título universitario.

La reacción violenta es sistemática y reiterada en el caso de Esgaib, y se considera como un rasgo de conducta del diputado que no solo se limita a la prensa, sino hacia las mujeres. Previo a este evento había sido sancionado por violentar verbalmente a una de sus colegas, Rocío Vallejo, quien lo tildó de misógino.

CONDENA POR LAS REDES.

Otro que no se ahorra en ataques a la labor periodística es el diputado cartista Rodrigo Gamarra quien dedica mucho tiempo a denostar y difundir por varios medios, pero en particular, por redes sociales, sus discursos hacia los periodistas en general.
“Sicarios”, “mercaderes”, “idiotas”, “carroñeros”, son algunos de los calificativos que el legislador viene sistemáticamente repitiendo desde que llegó a su banca.

Su repertorio de ataques incluso lo llevó hasta congresos a los que va por cuenta de la Cámara Baja. Al menos quedó en evidencia durante su ponencia ante la Unión Interparlamentaria (Octubre 2025). En dicha disertación en Ginebra, trató de “sicarios de la comunicación” a los cuestionadores del Gobierno al que responde.
En setiembre de 2025, en su cuenta en X posteó: “Los Monaguillos de la Moral Causa gracia y asco a la vez cada vez que la prensa carroñera y los sicarios de la información necesitan una opinión negativa, recurren a los mismos nefastos de siempre: Los que nunca ganaron nada, jamás construyeron nada y viven de criticar a quien sí hace, señalando con el dedo al presidente o al Gobierno como si tuvieran autoridad moral”.

El 29 de octubre escribió “pelotudos y perdidos sicarios”; y en diciembre resaltó en sus redes el hecho de que la prensa cuestionara a las autoridades de Itaipú por el despilfarro. De nuevo utilizó el término “sicarios”, acompañado del de “charlatanes de siempre”, en alusión al ejercicio periodístico por no encubrir actos que se consideran poco transparentes.

La situación de violencia que afecta a la tarea periodística, no es una cuestión baladí, que se debata solamente porque “quede bien”, sino que se apunta y se instala en el discurso público a raíz de datos concretos. De acuerdo al último informe del Sindicato de Periodistas del Paraguay, 22 periodistas fueron asesinados en lo que va de la democracia. El 95% de los casos están impunes, es la conclusión.

Este tipo de discursos no contribuyen. De hecho la Declaración de Chapultepec, al cual el Paraguay está suscrito desde 2007, expresa en su decálogo que: “… la intimidación (…), la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa”

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