Padre Alberto Luna: El propulsor de la misa en guaraní y su imparable lucha por los bañadenses

Misión. Como sacerdote lleva varios años dedicados a la formación de jóvenes religiosos y al acompañamiento de grupos juveniles jesuitas.
Me llamo Alberto Cristóbal Luna Pastore y tengo 64 años, soy orirundo de Caazapá y actualmente vivo en el Bañado Norte de Asunción desde el año 2015.
Soy padre jesuita, también estudié filosofía en Asunción y teología en Belo Horizonte, Brasil, y obtuve la licenciatura en Medios de Comunicación en la Universidad Católica en 1996. También soy miembro de la Academia de la Lengua Guaraní del Paraguay y soy sacerdote desde los 30 años.
Hasta los seis años viví en Caazapá, somos una familia de 10 hermanos y vivíamos en un pueblito chico en donde no había luz eléctrica ni agua corriente, tomaba agua del pozo y para bañarnos también. Tampoco había asfaltado y recuerdo que había un solo ómnibus que iba y venía a Asunción todos los días. Aquel era un pueblito muy pintoresco y siempre tengo unos recuerdos muy lindos de mi infancia.
Mi papá terminó el bachillerato técnico en la Escuela Agrícola de Caazapá y luego vino la revolución y no pudo seguir sus estudios y, por ello, se quedó como técnico agropecuario.
Mi mamá se recibió de docente en el Colegio de las Hermanas Azules de Caazapá. Se recibió de profesora de Literatura, entonces siempre había libros en casa y todos pudimos estudiar a pesar de ser numerosos.
INICIO EN EL MUNDO DE LA RELIGION
Mi familia siempre fue muy espiritual, nuestros padres siempre se preocuparon de que nosotros hiciéramos todos la Primera Comunión y cuando vivíamos en la casa del pueblo éramos la familia que tenía un vínculo más fuerte con la Iglesia.
Luego de vivir en Caazapá nos habíamos mudado a Villarrica en donde viví hasta los 14 años y luego nos mudamos a Asunción, en el año 1975, cuando yo cumplí 15 años vinimos en el barrio Nazareth. En ese tiempo como había llegado recién de Villarrica estaba un poco solo, porque había perdido a mis amigos y estaba viviendo en un ambiente diferente.
Fue por eso que comencé a leer algunos libros de espiritualidad que tenía mi hermano, eran libros de oración oriental y comencé a hacer unos ejercicios de relajación, y en esos momentos yo tuve como una experiencia espiritual muy fuerte, como un encuentro con Dios, eso sentí en mi adolescencia y fue como una luz interior.
Primero me acerqué a un grupo de la Iglesia Bautista que era de mi barrio. Después fui a otro grupo católico donde estaban un grupo de conocidos míos y comencé a formar parte de la parroquia en catequesis y en los movimientos juveniles.
Después de un tiempo conocí a los jesuitas, hice retiros y comencé a plantearme la vocación sacerdotal.
El sacerdocio significó dejar varias cosas de lado en mi vida, mis padres al principio estuvieron un poco extrañados con mi decisión, pero siempre me apoyaron. Creo que haber dejado un lugar donde estuve mucho tiempo de mi vida me hizo sentir a Dios.
A los 30 años me hice sacerdote jesuita el 30 de diciembre de 1990 en la ciudad de San Ignacio y la mayor parte del sacerdocio estuve con jóvenes acompañando a movimientos eucarísticos juveniles, a los jóvenes jesuitas que estaban en formación también.
Estuve como maestro de novicios, después como acompañante de promotor vocacional, también como provincial de los jesuitas. A lo largo del camino entré al noviciado de los jesuitas, que era en Paraguarí, estuve ahí dos años. Después volví a Asunción para estudiar filosofía y humanidades.
VIDA EN EL BAÑADO NORTE
Decidí mudarme al Bañado Norte como un deseo propio, fue una vocación de imitar a Jesús en una vida más sencilla y compartir con el pueblo humilde. De hecho, en esos primeros cinco años que estuve ahí me tocaron dos inundaciones y realmente vivimos una situación muy difícil.
También el papa Francisco nos visitó en la capilla Santa Cruz del Bañado en el 2015 y este 10 de julio se cumplen 10 años. Hasta ahora seguimos reflexionando sobre el mensaje que dio el Papa a la gente. Destacó que las familias del Bañado luchan constantemente por su tierra, también de cómo la fe hace unir a este pueblo.
Actualmente, soy encargado de las parroquias del Bañado y hay veces que hago misa solamente en guaraní cuando tengo un público que entiende todo.
Muchas veces lo que hago es mezclar los idiomas porque me parece muy importante no olvidar que somos un país bilingüe, nuestra historia, nuestra identidad como pueblo.
LECCION DE VIDA
En mi vida aprendí varias lecciones de vivir en el Bañado, les admiro porque son personas que saben encarar las adversidades y los fracasos, porque ellos tienen la experiencia de construir su casa, de luchar, de trabajar y después viene la inundación y destruye casi todo y entonces vuelven a empezar de nuevo.
El pueblo bañadense siempre trata de estar lo mejor posible, pero sabe también que tiene un riesgo. Ellos aprenden a convivir con lo poco, lo necesario, pero siempre con corazón humilde y solidario.
Creo que el Estado tiene que dar más prioridad a los bañadenses porque hay muchos ambientes con precariedad, falta de infraestructura en las calles, falta de desagües. Necesitan oportunidades de formación, acompañamiento, porque tienen escasos recursos.
Creo que el Estado tiene que dar más prioridad a los bañadenses porque hay muchos ambientes con precariedad, falta de infraestructura en las calles, falta de desagües y son olvidados.

(a los bañadenses) les admiro… saben encarar las adversidades … tienen la experiencia de construir su casa… después viene la inundación y destruye casi todo y entonces vuelven a empezar de nuevo.



